Las consecuencias importan ‘folks’

Creo que esta entrada os resultará bastante entretenida.

En este blog, hemos hablado en varias ocasiones de Michael Huemer. Como sabréis, este profesor de la Universidad de Colorado ha hecho una defensa muy potente del liberalismo en un libro titulado The Problem of Political Authority.

No me me voy entretener en explicar las ideas del libro, para algo hice un post en su día. Pero yo resumiría la conclusión del libro de la siguiente forma (o almenos es lo que más me gusta, o con lo que me quedo):

A igualdad de resultados, existe una presunción MORAL a favor de hacer las cosas a través de la sociedad civil y la voluntariedad que a través del Estado. Sin embargo, admite que el Estado puede poner remedio a consecuencias suficientemente negativas que no se puedan solucionar a través de la sociedad civil.

Esto es un resumen muy pobre, pero para lo que quiero decir hoy me basta. Fijaros en que Huemer hace una defensa del liberalismo respaldada en la MORAL.

Antes de entrar en materia, os diré que me sorprende la hipocresía de muchos liberales. Si uno hecha un vistazo a sus cuentas de twitter podrá comprobar la cantidad de personas que repiten una y otra vez que es INMORAL que el Estado haga esto o aquello.

Pero esperad un momento. Si a los liberales les importa tanto la ética y la moralidad, ¿No la deberían defender en todos sus aspectos?  Lo que quiero decir es que la moral tiene muchas facetas, no solo la política. En situaciones normales (no siempre), mentir es inmoral. Pero no les veo preocupados en que la gente mienta a diario. Es mas, ellos también mienten.

Ahora bien, muchos me podrán decir:

  • Vale sí, tienes razón. Pero hay cosas más inmorales que otras. Que la gente diga pequeñas mentiras no es lo mismo a que cometa asesinatos.

Exacto, hay cosas más inmorales que otras. Las personas hacen cosas buenas y cosas malas. Dentro de las cosas buenas hay cosas muy buenas y cosas que están bien. Y dentro de las malas hay cosas imperdonables y cosas que están mal, pero que tienen un pase.

De la misma forma, los Estados modernos hacen cosas buenas y cosas malas. Dentro de las buenas están las muy buenas y las que están bien. Y dentro de las malas están las imperdonables y las que están mal, pero que tienen un pase.

Fijaros en que muchos liberales tratan estas dos situaciones de forma asimétrica. Muchos comprenden que los individuos tienen una capacidad limitada para saber qué es  y qué no es moral en su vida privada. Sin embargo, no comprenden que en ocasiones no es tan sencillo determinar si una medida política es o no es moral. Pero eso no les impide lanzar juicios de valor.

Para determinar si una medida política es buena o no, una de las cosas que tendremos que hacer es echar un vistazo a sus consecuencias. Ojo, no digo que solo nos tengamos que preocupar de si las consecuencias son o no son positivas, digo que también nos tenemos que preocupar de ellas. Y tendremos que tener en cuenta que no es obvio determinar qué consecuencias son deseables. En muchas ocasiones, ni siquiera es fácil saber cuáles serán las consecuencias derivadas de una política cualquiera.

Si uno se va a la academia, encontrará que los expertos disienten de forma recurrente a la hora de estudiar los efectos de una política. Es cierto que existe consenso en muchos temas, pero en otros no tanto.

Por ejemplo, demostrar que el comercio internacional tiene cosas muy buenas es trivial. Ahora bien, no todos opinan lo mismo sobre cuál es el equilibrio óptimo entre Estado y mercado en sanidad, por ejemplo. Algunos creen que el sistema sanitario debe tener una parte pública (de titularidad pública y con proveedores públicos o privados) y otra parte privada en la que las aseguradoras ofrezcan un servicio independiente al del Estado. Otros creen que la sanidad debe ser privada pero que el Estado puede tomar toda una serie de medidas para evitar ciertos resultados (extender coberturas para eventos catastróficos, instaurar cuentas de ahorro forzoso, etc).

Tened en cuenta que la respuesta a esta y a otras preguntas no es obvia. Supongamos que la sanidad privada funcionase muy bien en EEUU. ¿Significa eso que funcionaría igual de bien en otros países? Podría ser que sí. Pero, ¿Y si no?

Pensad en un caso en el que ex ante, no hay consenso sobre si la sanidad privada es buena o no. Sin embargo, el equipo de Gobierno de turno decide privatizarla. Ex post se descubre que el cambio ha sido un éxito. ¿De verdad alguien cree que hubiese sido imperdonable que ex ante se hubiese decidido no hacer nada?

Con esto no quiero decir que no se pueda defender la sanidad privada. Solo digo que si ex ante la evidencia no es fuerte en favor de la sanidad privada, ex post (o ex ante) no puedes decir que es imperdonable que exista la sanidad pública. Como mucho podrás decir que te parece que está mal, pero que es perdonable.

Como hemos visto, ni es fácil determinar las consecuencias de diversas políticas, ni es fácil (una vez las conocemos) determinar que consecuencias son deseables. Y esta es la laguna más grande que le veo al libro de Huemer. Bajo mi punto de vista, Huemer subestima la cantidad de consecuencias positivas que puede promover el Estado. O si no es así, simplemente cree que no son suficientemente positivas como para compensar las negativas. Discrepo, ¿No podemos simplemente tratar de reducir las negativas?

El autor nos dice que el Estado puede intervenir para evitar consecuencias tan negativas que exceden los beneficios de la no intervención. Pero, ¿No es lo mismo decir que el Estado puede intervenir para promover consecuencias tan positivas que excedan el coste de la intervención? ¿Qué quiere decir con “evitar consecuencias suficientemente negativas”?

Supongamos que vivimos en un mundo huemeriano, en el que la sociedad civil es la encargada de organizarse e intervenir para evitar que ocurran consecuencias negativas y que si esta no es capaz de evitarlas, entonces el Estado podrá intervenir. ¿Como saben los agentes que conforman la sociedad civil cuando “las consecuencias son suficientemente negativas” como para justificar su intervención? 

Bajo los criterios de Huemer, en la sociedad habrían muy pocas situaciones que justifiquen una intervención del Estado o de la sociedad civil. Pero, de nuevo, es muy difícil determinar en que casos merece la pena intervenir. Bajo mi punto de vista, se pueden tomar medidas muy beneficiosas sin incurrir en grande costes en términos de libertad.

En definitiva, de Huemer me quedo con mi resumen anterior:

A igualdad de resultados, existe una presunción MORAL a favor de hacer las cosas a través de la sociedad civil y la voluntariedad que a través del Estado. Sin embargo, admite que el Estado puede poner remedio a consecuencias suficientemente negativas que no se puedan solucionar a través de la sociedad civil.

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