El socialismo de posguerra en Gran Bretaña y la Sociedad Fabiana

Esta entrada se encuadra en una serie de recopilaciones y síntesis de los fragmentos y capítulos más relevantes del libro El choque de ideas económicas: Los grandes debates de política económica de los últimos 100 años de Lawrence H. White, catedrático de economía en la George Mason University. Sus obras incluyen Free Banking in Britain, The Theory of Monetary Institutions y Competition and Currency. Sus escritos han aparecido en The Wall Street Journal y en las revistas académicas de primera fila como la American Economic Review y el Journal of Economic Literature. Solo se publicarán resúmenes de los capítulos más relevantes y no se seguirá el índice establecido. Todas las fuentes de las que bebe el texto pueden encontrarse en el libro.


El interés del presente capítulo reside no solo en las políticas laboristas que tuvieron lugar en la Gran Bretaña de posguerra sino en el surgimiento de esas ideas. Para completar el contenido del capítulo, he decidido incluir información sobre la Sociedad Fabiana así como material biográfico sobre Beatrice y Sidney Webb contenido en el libro La Gran Búsqueda: Una historia de la economía de Sylvia Nasar.

Los laboristas en el poder

La aplastante victoria de los laboristas, encabezados por Clement Attlee,  frente a Winston Churchill y los conservadores en 1945 marcó el inicio de la creación de una comunidad socialista en Gran Bretaña. Tal y como lo describía Tony Ben (político laborista):

Existía la creencia de que si éramos capaces de planificar para la guerra podíamos planificar para la paz

Después de La Segunda Guerra Mundial los controles de precios y el racionamiento de bienes de consumo siguieron. Los laboristas, lejos de contraponerse, los veían como algo justo y necesario para contener la inflación (probablemente bajo la influencia de A. C. Pigou que culpó a la pronta eliminación de los controles de precios de la inflación posterior a La Primera Guerra Mundial), también se mantuvieron los controles cambiarios y las cuotas a la importación de bienes. En 1947 se creó el Comité de Planificación Económica Centralizada (CEPS) y un Comité de Programas de Inversión (IPC) aunque su existencia no significó “la supresión de la voluntad individual como fuente de decisiones económicas” debido al fuerte rechazo de los dirigentes sindicales a que una política salarial planificada asignara la mano de obra.

El parlamento nacionalizó las empresas de hierro y acero, las empresas de transporte terrestre (ferrocarriles, aviación, transporte, canales), del combustibles y las energías, la empresa de telecomunicaciones Cable and Wireless (los servicios telefónicos fueron nacionalizados previamente), la mayoría de hospitales durante la creación del Sistema Nacional de Salud y el Banco de Inglaterra (aunque de facto ya estaba bajo control estatal). Las empresas nacionalizadas ocupaban al 20% de la población.

No se nacionalizó la tierra (a pesar de estar contenido en el programa laborista) ni la industria de refinado de azúcar gracias a una popular campaña de publicidad de la empresa Tate&Lyle.

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Las raíces socialistas fabianas de las políticas laboristas

El programa de nacionalizaciones del partido laborista fue el fruto de décadas de activismo intelectual por parte de la Sociedad Fabiana, un movimiento socialdemócrata dirigido durante años por Sidney Webb, Beatrice Webb y George Bernard Shaw.

La Sociedad Fabiana fue fundada en 1883, al separarse de un grupo de socialistas utópico para concentrarse en la reforma gradual de las políticas públicas, desarrollando y difundiendo propuestas socialistas atractivas. Los fabianos defendían la propiedad colectiva allí donde sea practicable, la regulación colectiva en los demás ámbitos, la atención a las personas invalidas o enfermas y la tributación colectiva en relación con la riqueza. 

La etiqueta de Fabiano estaba inspirada en Quinto Fabio Máximo, el general romano cuya estrategia para debilitar al ejército cartaginés de Aníbal, lejos de plantear una batalla frontal, pasaba por recurrir a tácticas de guerrilla para ir desgastando poco a poco al rival.

En la actualidad, la sociedad se define como el principal think tank de la izquierdo moderada del Reino Unido y está vinculada al partido laborista.

Como nota informativa añadir que el término think tank entendido como una entidad formada por investigadores “independientes y objetivos” que asesoran de forma gratuita y sin partidismo a políticos y funcionarios no fue acuñado hasta La Segunda Guerra Mundial. No obstante la sociedad fabiana era y es un think tank, quizá el primero y uno muy activo.

Sidney y Beatrice Webb

Sidney James Webb (1859-1947) se casó con Martha Beatrice Potter (1858-1943) en 1892. No tuvieron hijos. Los Webb fundaron la London School of Economics and Political Science en 1895 utilizando parte del patrimonio legado por la Sociedad Fabiana. En 1913 publicaron el semanario New Statesman y fueron coautores de varios libros durante el medio siglo que estuvieron juntos.

Sidney colaboró estrechamente en la fundación del Partido Laborista en 1900. Trabajó para el partido entre 1915 y 1925, en el parlamento laborista entre 1922 y 1929, y en el Gobierno entre 1929 y 1931. También colaboró en la redacción de la constitución del partido en 1918. La cláusula IV de la constitución laborista que defendía “la propiedad colectiva de los medios de producción” no fue eliminada hasta 1995 bajo el liderazgo de Tony Blair. No obstante en 1918 el Partido Laborista todavía dejaba abierta la cuestión de que tipo de socialismo aplicar y no fue hasta 1930 que se decantó por la planificación nacional central de tipo soviético. Ocupó la cátedra de administración pública de la LSE entre 1912 y 1927.

Programa electoral del Partido Laborista de 1918

  • Implantación de una renta mínima garantizada, prevenir el desempleo mediante la obra pública, la aparición de un seguro de desempleo y una semana laboral de 48 horas.
  • Nacionalización de todo un conjunto de industrias.
  • Los impuestos sobre la renta iban a recaer sobre todo en los ingresos por encima de un mínimo, impuesto sobre el valor del arrendamiento de las tierras por encima del margen de cultivo y recalibrar o incrementar el impuesto de sucesiones.
  • El Estado iba a expropiar los excedentes de riqueza.

Beatrice Potter, como era conocida en su juventud, se crió en la alta sociedad victoriana, era la octava de las nueve hijas de un rico magnate del ferrocarril llamado Richard Potter.

Es axiomático que detrás de cada mujer extraordinaria hay un padre poco común. Potter animó a Beatrice y a sus hermanas a leer, les dio libre acceso a la biblioteca y nunca fiscalizó sus amistades o sus conversaciones

El pensamiento de Beatrice cambió intensamente con el paso de los años. Sus lecturas escolares incluyeron a August Compte y George Eliot. En su juventud (cuando tenía alrededor de 18 años) abrazó las ideas libertarias de Herbert Spencer.

Herbert Spencer fue un individualista radical que defendía las libertades políticas  y económicas sobre los privilegios estatales, que se oponía a la esclavitud, que apoyaba el sufragio femenino y que sentía una absoluta antipatía por las regulaciones estatales y las medidas tributarias. Además, era amigo del padre de Beatrice.

Me opongo a estos desmesurados experimentos […] que huelen a teorías poco elaboradas, al más tóxico de todos los venenos sociales […] a toscos remedios de curanderos sociales.

Posteriormente, y a pesar de los 20 años que le sacaba, Beatrice se enamoraría de Joseph Chamberlain un influyente empresario y político inglés enemigo del libre comercio, defensor del imperialismo en política exterior y de la reforma social en política interior. Beatrice se oponía a casi todo lo que Chamberlain defendía, y especialmente al populismo con el que se enfrentaba a los votantes. El egoísmo de Chamberlain atraía a Beatrice.

Se despreciaba por haberse enamorado de un hombre tan dominante, pero también por ser incapaz de conquistarlo. Se había atrevido a soñar con una vida que combinara el trabajo intelectual y el amor, y en diversas ocasiones había estado dispuesta a sacrificar uno por otro.

Después del rechazo de Chamberlain y a la edad de 28 años, Beatrice decidió abandonar la ciudad y se adhirió a un gran proyecto de investigación social organizado por su primo, el rico filántropo Charlie Booth, cuya tarea consistía en realizar un trabajo de campo para documentar los ingresos y las circunstancias de los millones de habitantes de Londres. Para llevar a cabo su trabajo, Beatrice tenía que vivir entre los obreros. A partir de entonces, decidió estudiar economía, había leído a Mill y Fawcett y creía entender las ideas de Smith, Ricardo y Marshall (más adelante leería a Marx).

Beatrice empezaba a albergar dudas sobre las creencias libertarias de Spencer. En 1889, tras la publicación del trabajo de Booth, se decidió a estudiar sobre la historia del cooperativismo, por lo que acudió a un congreso de cooperativistas que supuso un punto de inflexión en su vida.

Me abrí paso entre la turba de parias desharrapados […] para asistir a las reuniones de una asociación de trabajadores y escuché la larguísima lista de quejas de personas inteligentes condenadas al yugo del trabajo manual, la amarga queja del obrero del siglo XIX, que es también la de la mujer del siglo XIX.

Fue entonces, cuando Beatrice se comenzó a relacionar con Sidney (quién se enamoró a primera vista), con la Sociedad Fabiana y con George Bernard Shaw, el mejor amigo de Sidney.

Sidney y Shaw durante la segunda mitad de la década de 1890 decidieron “dominar la economía”. Después de éste período de estudios terminaron rechazando el socialismo utópico como el comunismo marxista. La crítica de William Stanley Jevons había convencido a Shaw de rechazar la teoría marxista del valor trabajo.

Su objetivo era el socialismo, pero un socialismo compatible con la propiedad privada, el Parlamento y los capitalistas y sin la lucha de clases de los marxistas. Su objetivo no era acabar con el <<Frankenstein>> de la libre empresa sino domesticarlo, y tampoco era aniquilar a los ricos sino imponerle cargas fiscales.

Beatrice comenzó a pensar que una sociedad con libertad individual y propiedad privada podía ser viable e incluso atractiva <<Por fin soy socialista!>>, declaró.

En 1892, medio año después de la muerte de su padre en el día de Año Nuevo, Sidney y Beatrice contrajeron matrimonio. Sidney se ganó la vida como escritor y periodista con la herencia del padre de Beatrice hasta que logró la cátedra en la LSE. Una vez, le mando una fotografía de cuerpo entero, pero ella le rogó: <<Déjame tu cabeza, me caso con tu cabeza […] otra cosa me parece aborrecible>>. Beatrice escribió en su diario:

Un final inesperado que la antes brillante Beatrice Potter […] contraiga matrimonio con un hombre bajo y feo, sin posición social ni medios de vida […] Y no estoy <<enamorada>>, no como lo estaba. Pero en él veía algo más […] un intelecto agudo y una capacidad de afecto, de entrega y de dedicación al bien común.

A partir de 1906, Churchill (influido por Beatrice) y Lloyd George, ambos miembros del gobierno de Henry Asquith, presionaron para que el Partido Liberal introdujera medidas cada vez más intervencionistas.

La persona a la que con más derecho puede atribuirse esta idea de una red pública de protección – es decir, el moderno Estado del Bienestar- es Beatrice Webb. Antes de morir escribió: <<Nos dimos cuenta de que el Gobierno era el único al que podía confiarse la provisión de las generaciones futuras. […] nos vimos obligados obligados a aceptar una nueva forma de Estado, al que podríamos denominar “Estado administrador” para distinguirlo del “Estado policial”>>.

Beatrice formó parte de la Comisión Real encargada de elaborar la reforma sobre la Ley de Pobres (1905-1909). En 1908, Beatrice y Sidney escribieron el Minority Report un documento en que defendían la implantación de un sistema de atención pública desde el nacimiento hasta la muerte y que asegurara <<un estándar mínimo nacional […] una alimentación suficiente y una formación adecuada en la infancia, un salario adecuado mientras se esté en edad de trabajar, atención médica en caso de enfermedad y ganancias para inválidos y ancianos>>

El Estado administrador, era compatible con la libertad de mercado y con la democracia […] la noción de que el bienestar básico de los ciudadanos era responsabilidad del gobierno y de que este estaba obligado a  garantizar un nivel de vida mínimo a cada ciudadano […] rompía con toda la tradición del liberalismo gladstoniano, que propugnaba la igualdad de oportunidades pero que dejaba los resultados en manos del individuo y del mercado.

Churchill y Lloyd George acabaron con “la vieja tradición gladstoniana de centrarse en cuestiones políticas libertarias”. Churchill redactó una carta en la que instaba al primer ministro a instaurar un <<estándar mínimo>> como el que proponían los Webb. Churchill definió este estándar mínimo en cinco elementos:

  • Seguro de desempleo
  • Seguro de incapacidad laboral
  • escolarización obligatoria hasta los 17 años
  • Provisión de empleo público

El año 1908, fue crucial para el gobierno liberal. La recesión que siguió al pánico bancario de 1907 volvieron más urgentes las propuestas de Churchill. El paro se duplicó del 5% al 10%. Churchill pidió a Asquith que introdujeron seguros de salud y de desempleo de tipo bismarckiano. El proyecto final quedó bastante disminuido por las dificultades de los liberales para superar el veto de la Cámara de los Lores.

Sidney y Beatrice eran los autores del principal argumento a favor de la asunción del Estado de un número cada vez mayor de servicios, administrados por una categoría cada vez mayor de expertos y apoyados en un aparato público más fuerte.

El Minority Report incluía una de las primeras descripciones del moderno Estado del Bienestar. Lord William Beveridge (1879-1963) trabajó con Beatrice Webb como miembro de la Comision Real sobre la Ley de Pobres (1905-1909). Su obra más importante fue Social Insurance and Allied Services (1942), más conocido como el “Informe Beveridge”, un documento del período bélico que se convirtió en el modelo de posguerra para las reformas de la “seguridad social” promovidas por el Partido Laborista que dieron lugar al Estado del bienestar británico. Beveridge reconoció que su proyecto se derivaba del Minority Report de los Webb, en el que él mismo colaboró como investigador.

Sus críticos han puesto de manifiesto la visión ingenua de los Webb sobre el comunismo ruso. La pareja visitó la Unión Soviética en 1932. Al volver escribieron un libro, publicado en 1935, sobre lo que les habían mostrado Soviet Communism: A New Civilization? Robert Conquest en una crítica mordaz señala:

Esta colección de tonterías se basó en gran medida en su fe en los documentos oficiales soviéticos. Se creyeron papeles falsos sobre elecciones, sindicatos, cooperativas, las estadísticas y todos los documentos del fantasma que era la URSS.

Conquest señala que los Webb pasaron por alto el programa de juicios, ejecuciones, deportaciones a gulags siberianos, y hambrunas provocadas por Stalin y alabaron los sistemas educativos y de salud de la Unión Soviética y la igualdad de la mujer. Incluso después de las purgas de Stalin siguieron prediciendo que el comunismo se extendería por todo el mundo.

Llamaron a la URSS “la democracia más inclusiva e igualitaria del mundo” y justificaron su dictadura brutal afirmando que “no hay alternativa al sistema de partido único”

La economía fabiana y la teoría de la renta de Ricardo

El punto de partida de la teoría económica fabiana, al igual que la marxista, era la teoría clásica de la distribución de Ricardo. Allí donde Marx deriva la explotación de la clase obrera, los fabianos derivan la explotación de todas las clases no terratenientes.

Lo que Ricardo había afirmado era que el arrendamiento de una parcela superior de tierra equivalía al pago por acceder a su mayor productividad. Los terrenos de calidad superior producían mayores ingresos con la misma utilización de capital y mano de obra, por lo que su propietario podía exigir pagos crecientes.

De la teoría de Ricardo de la renta solo había un pequeño paso para afirmar que el terrateniente no contribuye en nada a la producción (más allá de las mejoras que implemente) y que la propiedad de la parcela no es más que suerte inmerecida. Por lo tanto, el “arrendamiento de terrenos no mejorados es un ingreso inmerecido”

El pensador que más influyó en los fabianos, sobretodo en Shaw (quién se convirtió en socialista después de leer a George), fue Henry George.

Henry George

Henry George (1839-1897) su obra más influyente fue Progress and Poverty (1879). Comienza: “La renta es el exceso de producción en relación a lo que la misma cantidad de trabajo y capital obtiene la ocupación peor remunerada.

La teoría de Ricardo concluía que las rentas salariales aumentarían con el crecimiento de la población, a medida que los cultivos se extendieran a tierras cada vez más marginales. Para George, esto explicaba por qué la pobreza persiste a pesar de los avances tecnológicos:

Con el crecimiento de la población, el valor de la tierra aumenta, y los hombres que la trabajan deben pagar más por ese privilegio. Así, una parte creciente de la producción va a parar a los propietarios de tierras  en la forma de unas rentas de tipo ricardiano.

Cliffe Leslie señaló que debido al aumento de la productividad por trabajador, los aumentos de los salarios reales podrían acompañar el aumento de la población.

Apoyándose en Ricardo, George llegó a la conclusión de que el impuesto ideal, sin un efecto desalentador sobre la producción, era un impuesto sobre la renta del suelo no mejorado.

Un impuesto recaudado sobre la producción de algo que debe de ser producido constantemente, permitirá al que paga el impuesto a repercutirlo sobre el consumidor en forma de precios crecientes. sin embargo, la tierra no tiene que ser continuamente suministrada. Su precio es un valor de monopolio y un impuesto que recaiga sobre el valor del suelo no lo hace sobre toda la tierra, sino sobre las tierras valiosas, y lo hace en proporción a su valía.

George abogó por un impuesto único sobre la tierra que permitiese eliminar todos los demás.El principio general que subyace aquí es que el coste de obtener una determinada recaudación fiscal se minimiza gravando los factores que sufran menos en respuesta a un impuesto. El creador del Monopoly se inspiró en la teoría georgista e intentó ilustrar la injusticia de cobrar arrendamientos mayores en función de la tierra.

George Bernard Shaw interpretó la crítica de George a la renta de la tierra como si fuera unasustracción enorme y creciente a los trabajadores.

Del georgismo a la nacionalización de la tierra y el capital

Según la perspectiva fabiana, el gobierno podría nacionalizar todas las tierras en vez de gravar el arrendamiento de parcelas y arrendar esos terrenos.

Los fabianos extendieron la idea de la renta ricardiana-georgista de la tierra a los bienes de capital (fábricas, máquinas, materiales) e incluso a los talentos innatos, argumentando que los rendimientos de la riqueza heredada y el talento también es una renta en el sentido de no ser un ingreso derivado del trabajo, sino de la suerte.

George Stigler ha señalado que pocos bienes de capital comparten con las propiedades inmobiliarias la cualidad de ser fijos en cuantía y que den lugar a una renta que aumente con el crecimiento de la población. En respuesta al crecimiento de la población, se pueden construir más máquinas, manteniendo bajo el precio de los arrendamientos de tierra. Además, gravar el capital reduce la cantidad producida.

En su paso de la nacionalización de la tierra a la nacionalización de los medios de producción, los fabianos se separaron de George (cuyos puntos de vista eran favorables al libre mercado). George reconoció que gravar los bienes de capital iba a reducir su oferta, si defendió un único impuesto sobre la tierra, fue para permitir la eliminación de todos los demás impuestos que desincentivaran la inversión privada y la iniciativa empresarial.

Jeremy Bentham

El pensamiento fabiano fue una extrapolación de la tendencia entre los principales economistas del siglo XIX, comenzando por Bentham y siguiendo por Mill, Sidgwick, Marshall y Pigou, de defender un papel cada vez mayor del Estado.

Jeremy Bentham (1748-1832), en Una introducción a los principios de la moral y la legislación (1789) expuso su famoso “principio de utilidad“:

La mayor felicidad para el mayor número de personas es el fundamento de la moral y la legislación.

Cualquier acción, cualquier ley, cualquier norma moral, debe ser juzgada únicamente sobre el criterio de si maximiza la felicidad agregada. Por felicidad se entiende exceso de placer sobre dolor. Sucede que Bentham nunca explicó como medir la felicidad (ni produjo un medidor de felicidad). Inclusive llegó a reconocer que la suma de la felicidad de los individuos era una ficción poco rigurosa. Pero el consideraba esta ficción como algo indispensable para llegar a conclusiones concretas acerca de políticas.

El análisis coste-beneficio se basa en algo similar, calculando como variable el valor en dólares para cada persona, en lugar de comparar el placer y el dolor.

Afortunadamente,en la teoría económica la suma y resta de preferencias  entre individuos no es necesaria para derivar una curva de demanda del mercado.

El utilitarismo y la política económica

Bentham trató de fundamentar el liberalismo clásico y el laissez-faire sobre una base más científica. Ese intento fue el germen sobre el que utilitaristas posteriores como Mill, Marshall, Pigou y los fabianos formularían argumentos para la intervención del Gobierno.

Para bentham las políticas maximizadores de la utilidad incluían el sufragio universal, el libre mercado y la restricción al poder del Estado. Para los fabianos, las políticas maximizadoras de la utilidad incluían, el sufragio universal y el socialismo.

John Stuart Mill entre Bentham y los fabianos

Mill aceptó la no-interferencia como punto de partida para la política de un Gobierno. Pero a partir de aquí defendió la decisión utilitaria como regla de Gobierno. Satisfacer la prueba de Mill solo requiere demostrar que la intervención es oportuna (no hace falta demostrar que también respetaba otras restricciones).

En su propia aplicación del utilitarismo, Mill encontró que el argumento ventajista era suficiente para justificar un conjunto más amplio de funciones gubernamentales.

J. S. Mill tenía una concepción expansiva de las funciones que debía llevar a cabo el Gobierno. En sus Principios defendió la financiación pública de la colonización, la asistencia a los pobres, la investigación científica y la educación, las obras públicas, escuelas, hospitales, universidades e imprentas cuando la acción privada era insuficiente. Incluso defendió el monopolio de emisión de billetes del Banco de Inglaterra o la redistribución de la renta.

Los escritos de J. S. Mill mostraron la influencia de Harret Taylor, una socialista owenista con quien se casó en 1851. Escribió en su biografía: “nuestro ideal definitivo de mejora iba mucho más allá de la democracia, y nos colocaba sin duda bajo la denominación de socialistas”.

Mientras repudiábamos con la mayor energía la tiranía de la sociedad sobre el individuo […] aun así teníamos esperanzas que en algún momento […] la división del producto del trabajo, en lugar de depender en tan gran medida, como ahora, de la posición en la que uno nace, se hiciera según un principio reconocido de justicia

Fue así como “el pensamiento liberal” o liberalismo en política económica cambió gradualmente su significado, pasando de ser una teoría del Gobierno mínimo y el libre comercio a una teoría que defendía un papel creciente del Estado, asociado a la Sociedad Fabiana o en EEUU, al “liberalismo moderno” del New Deal.

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