La Gran Depresión y la Teoría general de Keynes

Esta entrada se encuadra en una serie de recopilaciones y síntesis de los fragmentos y capítulos más relevantes del libro El choque de ideas económicas: Los grandes debates de política económica de los últimos 100 años  de Lawrence H. White, catedrático de economía en la George Mason University. Sus obras incluyen Free Banking in BritainThe Theory of Monetary Institutions Competition and Currency. Sus escritos han aparecido en The Wall Street Journal y en las revistas académicas de primera fila como la American Economic Review y el Journal of Economic Literature. Solo se publicarán resúmenes de los capítulos más relevantes y no se seguirá el índice establecido. Todas las fuentes de las que bebe el texto pueden encontrarse en el libro.


John Maynard Keynes (1883-1946) era hijo del economista inglés John Neville Keynes. Estudió matemáticas en la Universidad de Cambridge, pero también mostró interés por la filosofía y tomó un curso de economía con Marshall. Keynes empezó a dar clases en la Universidad de Cambridge en 1909. En 1915 comenzó a trabajar como asesor y después como funcionario del Ministerio de Finanzas británico. A la edad de treinta y seis años, Keynes formó parte de la delegación británica en la Conferencia de Paz de Versalles que siguió a la Primera Guerra Mundial. Su recuento crítico del tratado de paz, Las consecuencias económicas de la paz (1919), le granjeó fama mundial. Daniel Yergan y Joseph Stanislaw le han descrito como “una persona con una amplia curiosidad y una inteligencia extraordinaria […] combinada con una permanente actitud de rebeldía y el estilo de vida de un bohemio y esteta de Bloomsburry”. Todas las relaciones que había mantenido en su juventud fueron con hombres. No obstante, hacia 1922 sorprendió a sus amigos con Lydia Lopokova, una bailarina rusa con la que se acabaría casando en 1925. Entre sus obras más importantes se encuentran A Tractat on Money Reform (1923), A Treatise on Money (1930, 2 volúmenes) donde realizaba una teoría del ciclo económico, que fue duramente criticada por Hayek, inspirada en Marshall y Wicksell y La teoría general del empleo, el interés y el dinero (1936). En ésta última obra, Keynes sostuvo que el producto agregado de la economía está determinado por la demanda agregada cuyo componente más volátil es el gasto en inversión. Como solución a la falta de empuje de los inversores, nuestro autor propuso que el Gobierno aumente el gasto público para impulsar la demanda agregada y la inversión.

LA GRAN DEPRESIÓN Y LA TEORÍA GENERAL DE KEYNES

El éxito de Keynes durante las tres décadas siguientes a la publicación de su obra magna fue reflejado por la portada de la revista Time en 1965, al poner una foto de Keynes y titular el artículo “La economía: ahora todos somos keynesianos”. Incluso Richard Nixon llegó a declarar en una entrevista en 1971: “Ahora soy keynesiano en materia económica”.

La intensidad de la depresión

Después de 4 años de depresión y una caída de la producción industrial de un 50 por ciento, la economía estadounidense tocó fondo en 1933. Durante los siguientes 4 años comenzó a subir, pero en 1937 volvió a caer intensamente. En Septiembre de 1939 la producción había vuelto a su nivel de 1929, pero había perdido una década de crecimiento normal.

Según Thomas E. Hall y J. David Ferguson entre las causas de la Gran Depresión se encontraba la ley de aranceles Smoot-Hawley de 1930, el alza impositiva de 1932 del Gobierno de Hoover, la Ley Nacional de Recuperación Industrial (NIRA) de 1933 que organizó los sectores económicos según cárteles apoyados por el Gobierno que determinaban la política de precios y las cuotas de producción, la Ley de Ajuste Agrario (AAA) de 1935 que proponía medidas similares para la agricultura, el impuesto sobre las nóminas que contenía la Ley de Seguridad Social de 1935 y otras alzas impositivas durante Gobierno de Roosevelt. Otros autores culpan a la Ley Nacional de Relaciones Laborales (LNRL) de 1935 que, ante el alza salarial, expulsaba a trabajadores del mercado laboral.

Milton Friedman y Anna J. Schwartz señalaron que la caída inicial se debió a que la oferta monetaria se contrajo en un tercio entre 1930 y 1933. Los precios y los salarios no cayeron en la misma proporción debido a las políticas públicas, eran tan elevados que los mercados de bienes (productos no vendidos) y de trabajo (desempleo) se vaciaron. La Fed debería de haber evitado tal contracción monetaria. También culparon a la Fed por imponer unos elevados ratios de reserva que acabaron con la liquidez haciendo que la recuperación se invirtiera.

El diagnóstico de Keynes

Keynes creía que la economía de mercado se había hundido ella sola y que necesitaba la ayuda del Gobierno. En un artículo publicado en 1930 titulado “The Great Slump” of 1939” formuló su argumento del “círculo vicioso”.

Si el público es reticente a comprar [bienes de consumo, o a financiar la inversión] […] entonces […] todas las clases de productores tenderán a sufrir pérdidas, y a ello seguirá el desempleo generalizado. Para entonces ya habrá aparecido un círculo vicioso y, como resultado de las acciones y las reacciones, todo empeorará hasta que ocurra algo que detenga esta tendencia […] Si estoy en lo cierto, la causa fundamental de los problemas reside en una ausencia de impulso emprendedor debido a un mercado insatisfactorio para la inversión en capital […] La reticente actitud de los prestatarios ha alcanzado el nivel de la reticente actitud de los prestamistas.

Keynes propuso cambiar la política monetaria para restaurar la confianza en el mercado internacional de crédito a largo plazo para reactivar la actividad empresarial. En un artículo publicado un mes después, el problema paso de ser el ahorro que no financiaba la inversión en capital a ser el atesoramiento per se.

Existen muchas personas que creen que lo más útil que tanto ellos como sus vecinos pueden hacer para ayudar a resolver la situación de su país es ahorrar más de lo habitual […] En otras circunstancias todo esto sería adecuado pero, desgraciadamente, en la situación actual es del todo incorrecto. El objetivo del ahorro es procurar trabajo para su empleo en la producción de bienes de capital como viviendas, fábricas, carreteras, maquinaria y bienes parecidos. Pero si existe un superávit de desempleados disponible para estos usos, el efecto del ahorro adicional será el de aumentar éste superávit y, por tanto, incrementar aún más el desempleo. Además, cuando se despide a un individuo por este motivo o por cualquier otra, su disminuido poder de compra provoca desempleo adicional entre aquellos que hubieran producido lo que estela no puede permitirse comprar. Y así la situación es cada vez peor en un circulo vicioso.

 

La mejor estimación que puedo hacer es que cuando ahorras cinco peniques estas dejando sin trabajo a un individuo durante el día […] Después de todo, es un asunto de sentido común. Si compras bienes, alguien tendrá que producirlos. Si no los compras, se quedarán en los estantes de las tiendas, éstas no harán más pedidos a sus proveedores y alguien será despedido.

Keynes propuso, entre otras cosas, invertir en carreteras. Es importante señalar que para Keynes, el ahorro adicional no promueve inversión adicional por el mecanismo de la reducción en el tipo de interés que deben pagar los prestatarios.

Paul Krugman en la introducción a una nueva edición de la Teoría General resume en cuatro puntos el diagnóstico y las recomendaciones de Keynes:

  • Las economías pueden sufrir una caída generalizada de la demanda que provoca desempleo involuntario.
  • La tendencia automática de la economía a corregir los problemas de demanda, si existe en absoluto, opera de forma lenta e indirecta.
  • Las políticas públicas para aumentar la demanda, por el contrario, pueden reducir el desempleo rápidamente.
  • En ocasiones, aumentar la oferta monetaria no es suficiente para persuadir al sector privado para que gaste más, y es el gasto público el que debe colmar esta insuficiencia.

La opinión de Keynes contrastaba con la de Hayek, para el que el hundimiento era consecuencia de los errores en la política monetaria anterior (demasiado expansiva) y la economía se recuperaría si se la dejaba tranquila. Para Hayek la expansión crediticia había permitido a la inversión sobrepasar el nivel de ahorro voluntario necesario para hacer esas inversiones rentables, así que si las políticas públicas aumentaran la demanda de consumo a expensas de el ahorro, ello no haría más que agravar la crisis.

Qué había de nuevo en Keynes

Para Keynes el centro de atención se encuentra en la inversión y otros gastos presentes como determinantes de la producción del momento.

Es el gasto actual E el que determina la producción actual de equilibrio de bienes y servicios Y. El nivel de gasto depende de la proporción de la renta destinada al consumo. El equilibrio se obtiene cuando la curva de gasto agregado cruza la línea de 45º (El conjunto de puntos que cumplen la condición de equilibrio Y=E).

La curva de gasto E está compuesta por la suma de compras de los hogares C + la inversión de las empresas I + el gasto público G. C es una función Y-T (la renta después de impuestos), mientras que I y G están dadas o son independientes.

E = C(Y-T) + I + G

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La paradoja de la frugalidad

Keynes consideraba que cuanto más ahorraran los individuos, más disminuiría el gasto agregado actual, dejando inalterada la cantidad ahorrada debido a la caída de los ingresos. En sus palabras : “Una mayor propensión al ahorro reducirá la renta y la producción ceteris paribus”. Esto es lo que se conoce como la paradoja de la frugalidad.

Keynes descarta que el ahorro financie la inversión y que el tipo de interés sirva de equilibro como ocurría en las teorías de Böhm-Bawerk, Wicksell, Fisher y Hayek. El supuesto implícito del que parte presupone que la cantidad ahorrada no acaba en un banco o en un fondo de inversión y no vuelve al flujo circular vía préstamos para financiar la inversión al consumo. Keynes desvincula el nivel de inversión con el nivel de ahorro. Si aumenta la propensión a ahorrar, no es el tipo de interés sino la renta la que se ajusta a la baja.

En el gráfico vemos que la renta comienza en E2 pero debido a un cambio en C ésta pasa a E1. Que el cambio en el eje de los ingresos sea más pronunciado que el cambio inicial en C se conoce como “efecto multiplicador”.

En la Teoría general, Keynes sugería que si estábamos por debajo del pleno empleo el ahorro es perjudicial para el crecimiento porque el nivel de inversión viene determinado por el consumo esperado. El Nobel de Economía Paul Samuelson llamó “Principio de aceleración” a la caída en la inversión provocada por un declive en el consumo que genera una expansión del declive a otros sectores a través del efecto multiplicador.

Hayek y la Teoría general de Keynes

Roger Harrison señala tres diferencias entre la Teoría general de Keynes y Prices and Production de Hayek.

  • La primera es la relación entre el consumo y la inversión. Para Hayek el consumo y la inversión representan usos alternativos de los recursos económicos (un agricultor que cultive maíz, puede consumir parte del mismo o bien plantarlo para aumentar su cosecha futura). Un aumento del ahorro libera recursos para aumentar la inversión en bienes de capital que permiten multiplicar la producción futura. Hayek considera que existe una relación inversa entre consumo e inversión. No obstante, un nivel de inversión que sobrepase el volumen de ahorro tendrá consecuencias perjudiciales para la economía. Para Keynes el consumo y la inversión son parte del gasto privado (Y = C + I + G), un aumento del ahorro (una reducción del consumo) daba lugar a una reducción del gasto agregado que reducía la renta y la producción indefinidamente.
  • La segunda diferencia tiene que ver con la función del tipo de interés. Hayek argumenta que el tipo de interés vacía el mercado de fondos prestables, igualando la cantidad ofrecida (ahorro) con la cantidad demandada (inversión). Es decir, que el tipo de interés coordina el ahorro y la inversión. Keynes, por el contrario, dijo que el tipo de interés venía determinado por la “preferencia por la liquidez” (lo que ganamos al no optar por la liquidez) y que éste no coordina el ahorro y la inversión. Hayek acusó a Keynes de ignorar las funciones básicas del tipo de interés.
  • La tercera diferencia tiene que ver con el hecho de que Hayek se centra en una estructura de producción capitalista que cambia durante el ciclo económico mientras que Keynes se centra en el mercado laboral y deja de lado el capital y los procesos de producción debido a que considera la producción como un fenómeno que tiene lugar instantáneamente y que únicamente depende del gasto.

La ley de Say del mercado

Jean Baptiste Say (1762-1832) era un economista francés, discípulo de Adam Smith y defensor del laissez faire y del libre comercio, en 1831 recibió la primera cátedra de economía de la historia de Francia. Su principal trabajo fue Traite d’économie politique, publicado en 1803. En 1804, Napoleón Bonaparte exigió a Say que se retractara de las partes antiproteccionistas del libro. Say se negó, lo que motivó que Napoleón Bonaparte prohibiera su obra.

Si un zapatero desea comprar sombreros, fabrica zapatos y los intercambia por sombreros (ya sea mediante trueque o mediante dinero). Su producción y venta de zapatos es lo que financia o “crea” su demanda de sombreros (si produce pocos zapatos, no puede comprar muchos sombreros). Así, Say escribió: “Es la producción la que crea la demanda de productos […] la demanda general de productos, es proporcional a la actividad de la producción”.

Keynes solía resumirlo de la siguiente forma “la oferta crea su propia demanda”, pero esto no significa que la oferta de gafas cree su demanda de gafas, sino que esa oferta crea demanda para cualquier otro bien distinto. De ahí podemos deducir que la oferta de bienes, crea demanda de bienes: “la sociedad es como un gran comprador, en proporción a los medios de que dispone para la compra”. Say negaba que pudiese darse un exceso de producción general: “No veo cómo los productos de una nación pueden ser demasiado abundantes, puesto que cada uno de ellos aporta los medios para la compra de otros”. La ley de Say significa que el límite de la prosperidad reside en la producción, no en la demanda:

De lo contrario, ¿Cómo podría ser que en Francia se haya multiplicado cinco o seis veces el comercio respecto al miserable reinado de Carlos VI? ¿No es evidente que se debe haber multiplicado la producción cinco o seis veces y que estos productos deben haber servido para adquirir unos u otros?

Por ello, un Gobierno que desea promover la prosperidad debe promover la producción de bienes, no la demanda:

El mero fomento del consumo no es beneficioso para el comercio, porque la dificultad reside en procurar los medios, no en estimular el deseo de consumir, y hemos visto que la producción es la única que procura esos medios. Por tanto, el objetivo de un buen gobierno consiste en estimular la producción, y el de un mal Gobierno en estimular el consumo.

La crítica de Keynes a Say

Keynes rechazaba la ley de Say porque pensaba que nada equilibra los planes de los productores y los consumidores. Rechazaba la idea de que el tipo de interés sirva para coordinar a lo largo del tiempo la producción y el consumo, o el ahorro y la inversión.

De forma falaz, están suponiendo que existe un vínculo entre la decisión de abstenerse de consumir hoy y la decisión de ahorrar para el consumo futuro, mientras que los motivos que determinan lo segundo, no están relacionados de forma simple con los motivos que determinan lo primero.

Keynes también criticaba la ley de Say por cuanto no era coherente con el desempleo involuntario. El autor distinguía este último del desempleo friccional (temporal) y del voluntario. Keynes definía el desempleo involuntario como el que se da cuando existen individuos desempleados que estarían dispuestos a trabajar por menos del salario real existente. Creía que estas situaciones eran recurrentes. Por algún motivo, ante un exceso de oferta de trabajo, los trabajadores desempleados no negocian el salario a la baja de forma que el mercado se equilibre y les incorpore a un nivel salarial más bajo. Es lo que en economía se conoce como rigidez salarial o que el salario se resiste a bajar. Keynes afirmaba que estos trabajadores aceptarían un salario real más bajo por la vía de un aumento de los precios al consumo.

Aunque los trabajadores suelen resistirse a una reducción de los salarios nominales, no suelen dejar de trabajar cuando se produce un alza en los precios (por ejemplo, un alza en el Índice de Precios al Consumo).

Su solución para éste tipo de desempleo consistía en elevar los precios al consumo estimulando la demanda agregada. Con posterioridad, Hayek argumentaría que cuando los trabajadores esperaran unos precios al consumo más elevados, presionarían por unos salarios también más elevados. Hayek criticó con dureza que Keynes se centrase en políticas en el corto plazo:

Es alarmante comprobar que después de haber formulado una descripción sistemática de los factores que determinan los precios y la producción a largo plazo, se nos diga que debemos olvidarnos de ella y que debemos reemplazarla por la filosofía miope del hombre de negocios elevada a la categoría de ciencia. ¿No se nos dice incluso, que “dado que a largo plazo todos estaremos muertos”, la política debe guiarse exclusivamente por consideraciones a corto plazo?

La inflación y la curva de Phillips

Keynes afirmó que, en una economía que se encuentra por debajo del pleno empleo, un aumento de la demanda reduciría el desempleo pero no aumentaría ni los salarios ni los precios, y no habrá inflación hasta que se alcance el pleno empleo. La “curva de Phillips” toma su nombre de A. W. Phillips, quien describió estadísticamente en 1958 la relación inversa entre la tasa anual de desempleo y la tasa anual de crecimiento de los salarios a lo largo de varios períodos entre 1861 y 1957.

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La curva de Phillips propone una relación inversa entre inflación y desempleo. Los economistas keynesianos de la década de 1960 la incorporaron en sus modelos. Según su interpretación el aumento de precios se producía porque los salarios crecían como consecuencia de una demanda de mano de obra mayor que su oferta.

Paul Samuelson y Robert Solow utilizaron la curva de Phillips para proponer toda una serie de opciones políticas: los responsables políticos podían alcanzar una tasa de desempleo más baja permitiendo una tasa de inflación más elevada, o bien una inflación más baja a través de un mayor desempleo. Una política sensata exigía elegir el punto menos malo de la curva.

La confianza en la curva de Phillips se resintió en la década de 1970 cuando el aumento de la inflación se produjo de forma paralela a un aumento del desempleo.

La economía “poskeynesiana” y “neokeynesiana”

La economía keynesiana convencional promovida por Hicks, Samuelson (quien la bautizó como “síntesis neoclásica”) buscaba combinar la microeconomía neoclásica ortodoxa (conceptos de optimización y equilibrio en la estela de Walras o Marshall) con la teoría macroeconómica de Keynes. Actualmente los seguidores de han optado por caminos distintos.

Los poskeynesianos, prefieren al Keynes no contaminado por la microeconomía neoclásica. Sus influencias parten de la Teoría general pero también del institucionalismo o el marxismo.

Los neokeynesianos incorporan conceptos como la rigidez de precios y los fallos de coordinación a modelos basados en la microeconomía neoclásica. Intentan fundamentar más rigurosamente la rigidez de precios en argumentos microeconómicos como el coste de ajustar los precios. Su programa de investigación es distinto al de los “nuevos clásicos” de la economía keynesiana liderados por Robert Lucas, Thomas Sargent y Robert J. Barro. A partir de 1970 rechazaron la rigidez de precios y los equilibrios fuera del mercado en favor de modelos walrasianos más estrictos en los que el mercado siempre llega a un equilibrio. Otros neokeynesianos diseñan modelos en los que la economía puede alcanzar puntos de equilibrio diversos y quedar atrapada en uno inferior (debido a un problema de coordinación), necesitando la intervenciónn del Gobierno para sacarla de ahí.

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